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Archive for 13 mayo 2009

Antonin Artaud nació en Marsella en 1896. Aunque es muy conocida su obra como poeta, dramaturgo y ensayista, se le recordará sin duda como el creador del llamado teatro de la crueldad, que ha influído en autores como Fernando Arrabal, David Mamet, Alejandro Jodorowsky o, en menor medida, en el reciente premio nobel Harold Pinter. Artaud lo describía como

Aquel que apuesta por el impacto violento en el espectador. Para ello, las acciones, casi siempre violentas, se anteponen a las palabras, liberando así el inconsciente en contra de la razón y la lógica.

Antonin Artaud

Antonin Artaud

Se cuenta que una vez, durante una representación teatral de su obra “La plaga”, empleó sonidos tan reales que hizo vomitar a gran parte del auditorio. En esa búsqueda de lo irracional, de una comunicación más perfecta que la del lenguaje, y tras el fracaso de su obra “Los Cenci”, le pareció lo más acertado marcharse a la Sierra Maestra mexicana para convivir con los indios tarahumara. Allí experimentó con el peyote y los hongos alucinógenos que las tribus utilizaban en sus danzas para comunicarse con Dios. El fruto de estas experiencias, que fueron registradas entre los años 1936 y 1948, se materializaron en su obra “Peyote Dance”, donde Artaud nos revelaba que en su convivencia, el sentido del espacio o de la geografía había sido alterado y “todo allí parecía representar alguna experiencia anterior”. Pudiera pensarse que quizá entonces encontró esa forma de comunicación dotada de sentido, liberada de las limitaciones verbales.

Algo más intensivas, aunque quizá con menos pretensiones académicas, fueron las experiencias de los siguientes protagonistas, que quedan encuadrados en la llamada Generación Beat. El término surge durante una conversación entre Jack Kerouac y John Clellon Holmes en 1948, y a finales de 1952, apareció en el New York Times Magazine un artículo de John Clellon Holmes titulado “This is the Beat Generation” que captó la atención del público.

El grupo inicial estuvo formado por Jack Kerouac, Neal Cassady, William Burroughs, Herbert Huncke, John Clellon Holmes y Allen Ginsberg y su aparición revitalizó la escena bohemia cultural norteamericana. Se implicó en los movimientos juveniles de aquella época (On the Road -En el camino, 1957- de Kerouac, asumió carácter de manifiesto universal de una juventud que quería huir de lo establecido), y fue absorbida por la cultura de masas y por la clase media hacia finales de los años cincuenta y principios de los sesenta. Si algo caracterizó a este grupo, fue la búsqueda de una liberación espiritual que se manifestó a través de la liberación sexual, del consumo de diversas drogas, y de su afición al jazz, que de algún modo reflejaba esa idea del artista solitario y torturado, evocadora quizá de la imagen de Rimbaud, y que caracterizó a sus componentes.

William S. Borroughs experimentó con casi la totalidad de las drogas estupefacientes y alucinógenas conocidas buscando nuevos o diferentes caminos a la percepción y expresión verbal. Su primera obra fue yonqui, una novela que es casi un tratado sobre la drogadicción, pero la que le haría más famoso sería el almuerzo desnudo, censurada durante algún tiempo en los Estados Unidos bajo la acusación de pornografía. Esta obra emplea con intensidad el monólogo interior y la escritura automática, y carece de una estructura convencional en modo de planteamiento, nudo y desenlace. En palabras de su autor: “No pretendo imponer relato, argumento, continuidad… En la medida en que consigo un registro directo de ciertas áreas del proceso psíquico, quizá desempeñe una función concreta… no pretendo entretener”

Allen Ginsberg fue el poeta más destacado del movimiento beat y su poema Howl (aullido), un himno para su generación que vendió más de 700.000 ejemplares a pesar de su censura por obscenidad. Empieza así:

Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas histéricas desnudas,
arrastrándose por las calles de los negros al amanecer en busca de un colérico pinchazo,
hipsters con cabezas de ángel ardiendo por la antigua conexión celestial con el estrellado dínamo de la maquinaria nocturna,
que pobres y harapientos y ojerosos y drogados pasaron la noche fumando en la oscuridad sobrenatural de apartamentos de agua fría, flotando sobre las cimas de las ciudades contemplando jazz,
que desnudaron sus cerebros ante el cielo bajo el El y vieron ángeles mahometanos tambaleándose sobre techos iluminados,
que pasaron por las universidades con radiantes ojos imperturbables alucinando Arkansas y tragedia en la luz de Blake entre los maestros de la guerra,
que fueron expulsados de las academias por locos y por publicar odas obscenas en las ventanas de la calavera,
que se acurrucaron en ropa interior en habitaciones sin afeitar, quemando su dinero en papeleras y escuchando al Terror a través del muro,
que fueron arrestados por sus barbas púbicas regresando por Laredo con un cinturón de marihuana hacia Nueva York,
que comieron fuego en hoteles de pintura o bebieron trementina en Paradise Alley, muerte, o sometieron sus torsos a un purgatorio noche tras noche,
con sueños, con drogas, con pesadillas que despiertan, alcohol y verga y bailes sin fin…

Los alegres bromistas

Los alegres bromistas

No me extenderé mucho más, porque el post sería interminable, pero a pesar de no ser un miembro del grupo, también merece mencionarse por su afinidad con él a Ken Kesey. Su obra Alguien voló sobre el nido del cuco fue un producto de sus experiencias de voluntario, de cobaya humana, para los primeros experimentos que se realizaron con LSD. Y debió de agradecer su experiencia al gobierno estadounidense, ya que al poco constituyó con sus amigos el grupo los “Alegres Bromistas” que fue pionero en la experimentación lúdica y espiritual con LSD y marihuana. La pandilla se dedicó a recorrer el país en un autobús, y los Grateful Dead solían acompañar las sesiones abiertas de consumo con un concierto improvisado de su música psicodélica.

Un post aparte merecería Aldous Huxley, el autor de Un mundo feliz (1932). Hay quien afirma, y yo estoy de acuerdo, que su libro llegó mucho más lejos que el 1984 de Orwell en la presentación de una distopía en la que el gobierno asume el control total de sus ciudadanos. No es de extrañar el protagonismo de una droga denominada “soma” en la novela, ya que Huxley demostró siempre un vivo interés en el progreso de la química y sus posibilidades. Aunque siempre desde una perspectiva mucho más científica que la de los escritores de la generación beat, experimentó con asiduidad con drogas como la mescalina o el LSD. Su ensayo Las puertas de la percepción (1954), fue un referente para los interesados en la experimentación con alucinógenos. En su lecho de muerte, tal como le dejó indicado, y siendo fiel a sus principios, su mujer le administró un par de dósis de ácido lisérgico para su viaje final.

Puede que el autor moderno de más reconocimiento que haya admitido abiertamente su consumo de drogas sea Philip K. Dick, autor de la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? y cuya adaptación al cine daría lugar al clásico de la ciencia ficción Blade Runner. Él aseguraba que escribió toda su obra anterior a 1970 bajo la influencia de las anfetaminas (de las que también era asiduo consumidor Jean Paul Sartre). Es curioso que, a pesar de que dijo no haber consumido esa sustancia hasta más tarde,  la revista Rolling Stone le atribuyó haber escrito “la novela LSD por excelencia de todos los tiempos”, Los tres estigmas de Palmer Eldritch. Quizá se debió a la estructura, que jugaba con varios planos de realidad e irrealidad. Dado que a su abuso de sustancias estupefacientes habría que añadir la preexistencia de problemas psicológicos desde la infancia, no es de extrañar que en un momento de su vida comenzara a experimentar visiones. En una ocasión, Dick proclamó incluso que había comenzado a vivir una doble vida: una como él mismo y otra como Tomás, un cristiano perseguido por los romanos en el siglo I d. C.

Y con esto termino. La verdad es que ha sido bastante trabajoso recopilar esta información, y seguramente algo tedioso para el lector de intenet leerla en una pantalla retroiluminada, conque a aquel que haya llegado hasta el final, le prometo más brevedad en las próximas entradas.

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